miércoles, 22 de abril de 2009

La noche en que decidiste ser In-verso... (1)

Mis piernas se escurren, tu mano busca… la mano que reconoce el núcleo del tacto. Tu mano acampa entre mis muslos, y en la acanelada sustancia donde siembras tus dedos. Rozas mis labios y luego te internas en el pasadizo de mis secretos… en la zona de los derrumbes, en donde los temblores son intempestivos y donde no alcanzan más preguntas. Tú, entre tantas ganas. Tú en mi garganta.

El día en el In-verso

Inmóvil...

En este pedazo de inercia. Vuelvo a oír el palpitar, el pulso arterial; punzante, agitado, excitado. En este resquicio de paciencia, entiendo, que es cansancio.

Escucho mi cuerpo, no cesa. Escucho y siento cada punzada, la electricidad-la conexión y transmisión que está pasando adentro-. La llamada enérgica de lo pensado. La médula temblando.