jueves, 16 de abril de 2009

La noche en el In-verso

Lo difícil es pensar en ti y dejar de lado mi cuerpo. Arremeter contra el recuerdo, contra mis ganas de cansancio, contra mi deber del día en el in-verso y mis ganas de verte ingresar en mis territorios, intentando consolidar un reino. Lo difícil es evitarlo, lo difícil es lograrlo. Busquemos la sombra, para arrancar toda pregunta inoportuna, dejemos a un lado la ciencia de tus días y mis dudas vespertinas.

Aun lejos, aun contigo lejos, yo puedo hacer una fiesta con mis manos, con tu recuerdo y el espacio que resta en las sabanas… aun con todo el mundo lejos, los abismos se acrecientan y disminuyen al compás de nuestros no silencios, de nuestra no quietud, de todo a cuanto decimos no y no es rotundo.

¿Sientes el olor de la tierra humedecida?, ¿Sientes el temblor de las horas?, ¿Sientes que la mañana se hace esperar? ¿Sientes nuestras sonrisas? Las sonrisas paranoicas de los que conspiran… ¿Sientes acaso, el resquemor de los de afuera?

El día en el In-verso

El verano de afuera que no nos deja, camino al autobús, de ida a la facultad… recuerdo que tengo un cuerpo, siento el aroma del sudor, como un diario que me dicta la noticia de lo que me pasa por dentro. Imagino lo microscópico del poro, las gotas traspasando la piel sin llegar a herir. Es la lluvia que produce el cuerpo, las aguas de la piel (como leí en algún libro). La sal que nos habita, el recuerdo de mi fobia al mar, porque el sudor, porque mi sal, porque mi cuerpo fue mar.