sábado, 31 de octubre de 2009

De madrugada e In-versa (II)


Trato de darle sentido a esto:

Aquella que concierta ficciones, paga con el delirio de sus pocas verdades.

Esas ausencias que cargas en los dedos, son verdades que desbordan

Verdades que terminar en sal.

Sal de mis ojos.

Sal, que no cauteriza mis heridas.

viernes, 30 de octubre de 2009

De madrugada e In-versa (I)


Trato de darle un sentido a esto:

La madrugada vuelve a explotar sobre mis ojos.

Voy hurgando entre tus pasos,

Entre los malos entendidos en mi cabeza.

Yo he tramando tus mentiras,

Yo he dibujado esas sombras y me he dolido tardes enteras.

miércoles, 21 de octubre de 2009

La noche en el In-verso.

Tú y tus mil rostros que no dejan rastro alguno a la mañana.

Duermes a mi lado

y yo me hundo en un llanto que no llegas a percibir.

No, no tengo miedo que alguna vez,

me olvides y decidas deshacerte de mi.

No tengo miedo de tus manos,


ni siquiera de tu odio inconsciente y desactivado.

lunes, 12 de octubre de 2009

El día en el In-verso


Días como estos cuando la tempestad y la prisa se instalan en el cuerpo.

Tengo ganas de ser velocidad o perder el tiempo.




jueves, 8 de octubre de 2009

In-verso e In-completo


Y es inútil volver a mí como antes, es inútil.

Inútil, intentar de ser tu único espacio, inútil.

Inútil, no decirte lo que callo, lo que inscribo entre mi rabia, entre mis miedos, entre mis cabellos y mis senos, entre mis mentiras y las pocas verdades que aún conservo.

Inútil.

El pasado y el futuro siempre han hecho mella en mis sentidos, siempre he caído rendida ante mis golpes y las disculpas que nunca siento. Todo y eso, es inútil.

Es inútil, y recién me doy cuenta de las patadas que doy al vacío. Recién tropiezo, y procuro ser piedra que zapato, porque las piedras no sienten y los zapatos pesan en los tobillos.

Inútil, escribir los sinsentidos de lo cotidiano.

Inútil sentir los inversos de este blog.

Inútil, absurda, incompleta.

martes, 6 de octubre de 2009

El día en el In-verso

Terminado el día.

Y la posibilidad de unirme al desconcierto de las lecturas, entre lo que debo hacer y lo que me gusta hacer; siempre encuentro espacio para deshacerme en palabras. Para concederte unos minutos, aunque la furia de mi reloj me obligue a echarte de todos mis sentidos… hasta del tacto que hace tanto bien.

Terminado el día.

Y yo insisto en safarme del destino, para pensar una vez más en lo que siempre supe que fue azar. De repente, y ya nada puede decirme qué hacer, ya nada se interpone entre tus recuerdos y mi ardor en la piel. De repente, y tus imágenes vuelven a tenderte sobre mis piernas y sus temblores intermitentes…

Terminado el día.

De repente, y ya es hora de irme.