Aún es acelerado el ritmo de mis pasos… parece que nada puede detenerme, ni el maldito tráfico de Lima, ni la pandemia. Aún conservo el gusto por los cigarrillos y las lecturas de Cortázar- que me quedan cada vez más lejos y agrando el paso, para ver si alguna vez alcanzo a entender a Horacio, a los cronopios, al saxofonista o Talita. Mi bastarda suerte, siempre quiso los tramos largos, siempre obtó por las prisas innecesarias y nada para las paciencias bien merecidas.
Ahora, parece que los espacios se agrandan en una pieza de 3x2. No lo sé. Los espacios pequeños me aterran, pero logro sobrevivir en soledad… menos en los ascensores o en alguna tienda de remates. La oscuridad, aún me perturba. La gente, ni siquiera se ha cansado de decirme qué debo hacer; y mi malcriadez de todos los días, no se ha rendido; sólo los ignora (como siempre).
Desde que este espacio me adoptó, la rutina sigue colmando las pocas ganas de vivir; quizá, de cuando en cuando extraño a los amigos que perdí o que me perdieron (debate espinoso, por cierto). Pero, realmente extraño las charlas con aquellos seres hechos de casualidad, también extraño el insomnio. Realmente las madrugadas, ya no son las mismas. El café, recuperó el amargor de cuando tenía 8 años y la familia, todavía me reconocen. Algunas calles, vuelven a saberme extrañas y yo misma, soy la extrañeza patente de los carteles publicitarios; me vuelvo un acertijo semiótico. Quizá, alguien adentrado en el tema, voltea a mirarme de vez en vez. Ya no leo el diario, y la pasión por los crucigramas o el backgammon se disputan un lugar en mi trágica memoria.
La ventana que deja caer luz aquí, me castra la visión. Sólo paredes, paredes rajadas-que un buen temblor habrá de derribar y derribarme literalmente. Mis malos pensamientos, están más macabros que siempre… la alegría de los niños en los pasadizos, me hacen pedirle a mi falta de dios, sangre y llanto (para ellos). Quizá, envidia o malestar de anciana. No lo sé, y mis traumas, no están en discusión.
Todos los días (hasta hoy), he tenido algo que escribir, pero las decisiones universitarias, el cine comercial y la depresión hecha de sueño y comida (debo llevar unos kilos más, que ya no puedo disimular ni discutir)no me han dejado escribir mis deshechos literarios. En fin, creo
martes, 18 de agosto de 2009
El regreso al In-verso
que los cambios no han afectado mi pesimismo, ni mi falta a las promesas, ni mis ganas de saberme una inmoral.
Publicado por Exist-exit-excit en 16:44 0 comentarios
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