Hoy amanezco en el lado grande de la vida, amanezco más vieja…aunque, eso de amanecer más vieja, es mentira. Nadie puede despertar y crecer tan de golpe, con dos o cinco vueltas en la cama. La vida, la vida siempre pide que la caminen, que la recorran, despacio, un poco menos-pero a prisa, entre grandes saltos o grandes y dolorosas caídas.
Inevitable entonces, que hoy, cuando sumo otro calendario no regrese desesperadamente a la memoria… no me choque con algún pasaje de mis años (menos afortunados). Pues sí, si algo tiene de bueno este ejercicio de memoria en este día, es que la buena fortuna no es una condicional para empezar a vivir. El pesimismo, el anarquismo, el desamor, son banderas que ondean en mi pecho, pero entre la brisa y si alguna que otra vez se agitan, es por la prisa de algunas injusticias (ajenas casi siempre). El dolor del lado de acá es menos, las ficciones cada día más débiles… el tiempo nos cambia. No hay eternidad entre aquellos que somos carne, hueso y sexo.
Hace 7años, iba temerosa del cambio, del tiempo, de la vida, de la gente y sus desventuras que siempre me rozaban… por entonces, sabía y no me negaba la posibilidad mediata de la transformación, pero trataba de no pensar en eso, proclamaba furia, empuñaba espadas; era toda mi fascinación por la literatura, que se alzaba con ficciones que casi siempre perdía por mi mala memoria, que casi siempre no servían (aunque al mundo, les dije que sí). Nada, ni nadie pudo deshacer mis hojas, ni el mundillo que me creé, ni la vida que soñé… o sea, hay cosas que el tiempo no es capaz de arrancarnos, sola y únicamente porque no queremos. Y esto, también lo sabía a los 16; por eso me dejé esta nota para que el cambio no me doliera o me doliera mucho menos para cuando los años sean más en mis manos:
“Trataré de ser sincera, de dibujarme tal como soy, como eres, como somos en este momento (18/04/2003) Quiero que te acuerdes bien de las cosas de las que hoy estoy segura:
No podemos olvidar, trabajamos duro en eso, pero escribir no nos lo permite. Por eso, encontrarás esto y recordarás todo este tiempo. No sé, si sea un buen momento para ti, pero ahora mismo las cosas no andan bien. La soledad absoluta no existe, Gabriela; por eso el amor duele.
No podemos ser libres, nadie puede. La única opción de ser libres en esta vida es creyendo que somos distintos en alma. Por eso, no podemos creer en las personas. Tampoco, podemos respondernos muchas cosas: ¿por qué a mi? por ejemplo, entonces lloramos, cuando nadie nos ve. A veces cuando lloro alcanzo a sentirme vacía, y eso es sano. A veces cuando lloro alcanzo a sentirme demasiado vacía y eso me preocupa.
Pero en el fondo, entendemos muchas cosas- casi nada, y aunque los otros lo nieguen, ellos saben menos.
No podemos decir la verdad de los otros en frente de ellos, por eso masticamos chicles de menta, pues así matamos la ansiedad. Tampoco podemos decir nuestra verdad, porque es peligroso (sobretodo doloroso).
Nos gusta coleccionar boletos de los colectivos, aunque últimamente camino mucho por falta de dinero.
Sigo creyendo que la muerte asusta menos que el tiempo; la muerte duele al final, el tiempo- duele casi siempre.
Quiero conocer todo, lo que sea, no importa
Tengo deseos de ser otra, pero no arrepentirme de ésta que soy ahora.
Quiero saber lo que es alcanzar una meta, si realmente es como tocar el cielo con las manos.
Quiero tener que morir de pie, como nos lo dijo el Ché.
Ya no creo en dios, pero cuando oigo hablar de él me estremezco, como si me amenazaran para volver a él.
Ah, eso de evitar a la gente, a veces ha sido una desventaja; sin embargo, es una buena técnica, ya que por lo menos me garantiza que nadie que se me acerque puede ser tan distinto a mí...al contrario
Me gusta mucho más el azul que el negro, y el gris antes que el rojo; me gusta caminar por la lluvia hasta que las zapatillas hagan ese ruidito al caminar llenas de agua adentro; me gusta reírme a carcajadas y hasta que me duela la panza (pero nadie lo sabe); me gusta el viento; me encanta cuando las dos, tú y yo, decimos la misma palabra o la misma frase al mismo tiempo y tú me miras extrañada como si no supieras que parecemos nacidas de lo mismo y que nuestras conciencias trabajan juntas, consultándose.
¿Nunca sentiste que todos somos más simples de lo que creemos? Y no nos vamos a terminar de descubrir nunca porque estamos hechos para cosas más complicadas.
Ahora mismo, tengo miedo de estar por morirme y que, en ese momento, en el que la vida entera pasa frente a tus ojos, no vaya a ver más que un par de imágenes tristes del pedacito, ese mínimo, de almas y de lugares que llegué a tocar y a pisar, que tenga que ver, sintiéndome lástima, nada más que el mundito que conocí, y que siempre fue el único para mí.
Creo que sí existe, claro que existe, el fin de toda fuerza humana, el último y final “me rindo”, el ineludible dejarse vencer y para siempre tirar todo, porque a esa altura nada lo vale. Y creo que la gente ha llegado a eso sin darse cuenta, muchas veces más de lo que se imagina.
¿Viste como las presencias de las personas están siempre en ciertos lugares, los que son de propios de ellos, sus lugares particulares, pero las ausencias, todas, cualquiera de ellas, te persiguen y están en todas partes?
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A los 23, no me queda, salvo, afirmar todo. Todo está intacto. Hoy sólo querría agregar algunas obviedades que entonces no aclaré (quizá porque a la adolescente que era le parecían evidentes).
Y entonces quiero decir que yo deseaba latir, aún a riesgo de un paro cardíaco. Mi pesimismo, pintaba y pinta, al revés… como muchas de mis banderas.
Me gustaba la idea de conocer gente, pero hubiera sido más fácil si siempre todos fuésemos niños, aunque eso sólo lo aplico a la niñez de mis años; de afecto compartido, limpias las manos y el impulso bruto (a veces muy cruel).
Hoy también, me da por llorar bajo la ducha, para que no lo sepa nadie. Hay que llorar cuando el cuerpo así lo pide. Llorar para hacerse fuertes contra el llanto, algo así como una vacuna contra la enfermedad.
Hoy, s oy azul oscuro, casi, casi, negro y, de repente, vuelco al gris. Vivo buscando los otros colores y las luces. Vuelvo a creer que el amor es para todos, que se tropieza, que se demora y al final, más temprano que tarde, nos alcanza. Y mientras tanto, Silvio Rodríguez, a fin de cuentas, me da la razón: eso de lo eterno es un invento, o como dice él “La eternidad no es más que un truco para continuar”.
En fin:
Lo que hoy quiero es vivir a la altura de mis ojos, de mis manos y de las caprichosas exigencias de mi corazón, que me pide temblores y terremotos, y eso de nunca estarse quieta.
Hoy que 'amanezco más vieja', lo que quiero es vivir.
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