sábado, 31 de julio de 2010

EL TEMBLOR DE LOS IN-VERSOS

Saber de la muerte me estremece. Como el sexo, me estremece.

Pienso en la muerte y lloro. De forma casi imperceptible mi memoria vuelve a las largas horas del sexo. Un filme de años. Recuerdo las pistas y sus trayectorias, los anuncios luminosos y otros desgastados de aquellos hoteles, recuerdo (aquí cabrían las caricias, el sabor de las salivas, el aroma de los cuerpos), las velocidad de las respiraciones. Recuerdo la forma en que hablábamos largas horas en esas camas mientras contemplábamos la avenida Arequipa desde un segundo o cuarto piso, recuerdo el sabor del tabaco que se acentuaba en la lengua y se mezclaba con el sabor de esos destellos de VIDA post-orgásmicos.

Pienso en las horas de sexo y las ciudades se me desfilan como cuerpos y puedo recordar perfectamente cada una de las respiraciones de esos encuentros, tantas calles en distintos instantes. Tanta muerte incrustada en los poros.




viernes, 14 de mayo de 2010

Acercándome al In-verso...


Algún día no caminaré por estas calles y mi nombre ya no rebotará por la paredes de esta ciudad y eso me pesa, me pesa ahora en retrofuturo.
He salido a la calle sabiendo que hoy sería un día absurdo y lleno de viento. Mientras caminaba, sentía como cada parte de mi cuerpo creaba una estructura perfecta,
Un acorazado, una cosa unida al propio hueso, esa sensación de propiedad y autopertenencia (una forma extraña de autofelicidad), yo estaba tan cerca de mi que la ciudad se precipitaba en su magnitud, yo era toda mía y la ciudad se convertía en suya y en mi extraña.

Seguí caminando y reconociendo que esto ya me ha pasado y me pasara más veces.




viernes, 12 de marzo de 2010

Miedo...per-verso/ In-verso.





Despertar de madrugada, mirar la habitación en penumbras; apenas entonada una bombilla de 25:

descubrir entre las ropas dispersas que arrojé sin cuidado formas monstruosas. La terrible venganza de los objetos inanimados. Terrible! pensar que las cosas echadas al azar…terrible, que las cosas tiradas sin prestar atención, articulen el horror en mi imprecisión nocturna.

Algo oscuro ha de haber en las cosas (o en mí), que veo siempre rostros malignos en las manchas de humedad, o tras las cortinas; en realidad, en todos los rincones de esta casa, vieja y oscura, cansada y despedazada.

jueves, 11 de marzo de 2010

Desde el In-verso, que es aquí.


Ahora me puedes imaginar llorando, hasta el instante mismo en que te rozo y te mojo.

Ahora puedes escucharme crepitar, hasta el momento mismo en que me alejo de tu cuerpo como un loco espiral.

martes, 2 de febrero de 2010

La noche... infinita e In-versa.



Decido de este día:

“que tiemble el tiempo, ahora que está quieto el cuerpo”.

Amor, te empiezo a querer enserio… por eso, hiervo.


Entonces:

I

Acuno un verso como cuando estalla la metáfora por el sexo.

Evoca el idilio del temblor de las horas,

que de mi penumbra acariciaste toda.

II

Pero, ¿sino estás ahora?

Te buscaré entre mis manos,

te buscaré entre mis lenguas y mi boca.

en la forma que me estremezco,

en mi risa ebria.

III

Es la memoria que se pega al cuerpo

Es que:

saber -de- tu- cuerpo- existiendo- entre- mis- urbes.

Permitiendo al dios entre mis piernas.

O es la metáfora que estalla…

entre mis brisas o mi saliva.


miércoles, 13 de enero de 2010

Soy In-verso







Hoy amanezco en el lado grande de la vida, amanezco más vieja…aunque, eso de amanecer más vieja, es mentira. Nadie puede despertar y crecer tan de golpe, con dos o cinco vueltas en la cama. La vida, la vida siempre pide que la caminen, que la recorran, despacio, un poco menos-pero a prisa, entre grandes saltos o grandes y dolorosas caídas.

Inevitable entonces, que hoy, cuando sumo otro calendario no regrese desesperadamente a la memoria… no me choque con algún pasaje de mis años (menos afortunados). Pues sí, si algo tiene de bueno este ejercicio de memoria en este día, es que la buena fortuna no es una condicional para empezar a vivir. El pesimismo, el anarquismo, el desamor, son banderas que ondean en mi pecho, pero entre la brisa y si alguna que otra vez se agitan, es por la prisa de algunas injusticias (ajenas casi siempre). El dolor del lado de acá es menos, las ficciones cada día más débiles… el tiempo nos cambia. No hay eternidad entre aquellos que somos carne, hueso y sexo.

Hace 7años, iba temerosa del cambio, del tiempo, de la vida, de la gente y sus desventuras que siempre me rozaban… por entonces, sabía y no me negaba la posibilidad mediata de la transformación, pero trataba de no pensar en eso, proclamaba furia, empuñaba espadas; era toda mi fascinación por la literatura, que se alzaba con ficciones que casi siempre perdía por mi mala memoria, que casi siempre no servían (aunque al mundo, les dije que sí). Nada, ni nadie pudo deshacer mis hojas, ni el mundillo que me creé, ni la vida que soñé… o sea, hay cosas que el tiempo no es capaz de arrancarnos, sola y únicamente porque no queremos. Y esto, también lo sabía a los 16; por eso me dejé esta nota para que el cambio no me doliera o me doliera mucho menos para cuando los años sean más en mis manos:


“Trataré de ser sincera, de dibujarme tal como soy, como eres, como somos en este momento (18/04/2003) Quiero que te acuerdes bien de las cosas de las que hoy estoy segura:

No podemos olvidar, trabajamos duro en eso, pero escribir no nos lo permite. Por eso, encontrarás esto y recordarás todo este tiempo. No sé, si sea un buen momento para ti, pero ahora mismo las cosas no andan bien. La soledad absoluta no existe, Gabriela; por eso el amor duele.

No podemos ser libres, nadie puede. La única opción de ser libres en esta vida es creyendo que somos distintos en alma. Por eso, no podemos creer en las personas. Tampoco, podemos respondernos muchas cosas: ¿por qué a mi? por ejemplo, entonces lloramos, cuando nadie nos ve. A veces cuando lloro alcanzo a sentirme vacía, y eso es sano. A veces cuando lloro alcanzo a sentirme demasiado vacía y eso me preocupa.

Pero en el fondo, entendemos muchas cosas- casi nada, y aunque los otros lo nieguen, ellos saben menos.

No podemos decir la verdad de los otros en frente de ellos, por eso masticamos chicles de menta, pues así matamos la ansiedad. Tampoco podemos decir nuestra verdad, porque es peligroso (sobretodo doloroso).

Nos gusta coleccionar boletos de los colectivos, aunque últimamente camino mucho por falta de dinero.

Sigo creyendo que la muerte asusta menos que el tiempo; la muerte duele al final, el tiempo- duele casi siempre.

Quiero conocer todo, lo que sea, no importa

Tengo deseos de ser otra, pero no arrepentirme de ésta que soy ahora.

Quiero saber lo que es alcanzar una meta, si realmente es como tocar el cielo con las manos.
Quiero tener que morir de pie, como nos lo dijo el Ché.

Ya no creo en dios, pero cuando oigo hablar de él me estremezco, como si me amenazaran para volver a él.
Ah, eso de evitar a la gente, a veces ha sido una desventaja; sin embargo, es una buena técnica, ya que por lo menos me garantiza que nadie que se me acerque puede ser tan distinto a mí...al contrario

Me gusta mucho más el azul que el negro, y el gris antes que el rojo; me gusta caminar por la lluvia hasta que las zapatillas hagan ese ruidito al caminar llenas de agua adentro; me gusta reírme a carcajadas y hasta que me duela la panza (pero nadie lo sabe); me gusta el viento; me encanta cuando las dos, tú y yo, decimos la misma palabra o la misma frase al mismo tiempo y tú me miras extrañada como si no supieras que parecemos nacidas de lo mismo y que nuestras conciencias trabajan juntas, consultándose.

¿Nunca sentiste que todos somos más simples de lo que creemos? Y no nos vamos a terminar de descubrir nunca porque estamos hechos para cosas más complicadas.

Ahora mismo, tengo miedo de estar por morirme y que, en ese momento, en el que la vida entera pasa frente a tus ojos, no vaya a ver más que un par de imágenes tristes del pedacito, ese mínimo, de almas y de lugares que llegué a tocar y a pisar, que tenga que ver, sintiéndome lástima, nada más que el mundito que conocí, y que siempre fue el único para mí.
Creo que sí existe, claro que existe, el fin de toda fuerza humana, el último y final “me rindo”, el ineludible dejarse vencer y para siempre tirar todo, porque a esa altura nada lo vale. Y creo que la gente ha llegado a eso sin darse cuenta, muchas veces más de lo que se imagina.
¿Viste como las presencias de las personas están siempre en ciertos lugares, los que son de propios de ellos, sus lugares particulares, pero las ausencias, todas, cualquiera de ellas, te persiguen y están en todas partes?

.

.

A los 23, no me queda, salvo, afirmar todo. Todo está intacto. Hoy sólo querría agregar algunas obviedades que entonces no aclaré (quizá porque a la adolescente que era le parecían evidentes).
Y entonces quiero decir que yo deseaba latir, aún a riesgo de un paro cardíaco. Mi pesimismo, pintaba y pinta, al revés… como muchas de mis banderas.

Me gustaba la idea de conocer gente, pero hubiera sido más fácil si siempre todos fuésemos niños, aunque eso sólo lo aplico a la niñez de mis años; de afecto compartido, limpias las manos y el impulso bruto (a veces muy cruel).

Hoy también, me da por llorar bajo la ducha, para que no lo sepa nadie. Hay que llorar cuando el cuerpo así lo pide. Llorar para hacerse fuertes contra el llanto, algo así como una vacuna contra la enfermedad.

Hoy, s
oy azul oscuro, casi, casi, negro y, de repente, vuelco al gris. Vivo buscando los otros colores y las luces. Vuelvo a creer que el amor es para todos, que se tropieza, que se demora y al final, más temprano que tarde, nos alcanza. Y mientras tanto, Silvio Rodríguez, a fin de cuentas, me da la razón: eso de lo eterno es un invento, o como dice él “La eternidad no es más que un truco para continuar”.

En fin:

Lo que hoy quiero es vivir a la altura de mis ojos, de mis manos y de las caprichosas exigencias de mi corazón, que me pide temblores y terremotos, y eso de nunca estarse quieta.


Hoy que 'amanezco más vieja', lo que quiero es vivir.


...


sábado, 9 de enero de 2010

Sigue siendo In-verso.

J.L.Aubert-dis quand reviendras-tu.


¿Cuántos días, cuantas noches, cuanto tiempo hace que te has ido?

Dijiste que este era el último viaje

El ultimo naufragio de nuestro desgarro

Dijiste que regresarías en primavera

Qué bonita es la primavera para hablar de amor

Juntos visitaremos los jardines en flor, pasearemos por las calles de París.

.

(Coro)

Pero, dime, ¿Cuándo volverás?

Dime, ¿lo sabes?

¿Sabes que el tiempo pasado no se recupera?

¿Qué el tiempo perdido no se encuentra?

.

.

Hace mucho que acabó la primavera.

Caen las hojas, se encienden las chimeneas.

Qué bonito está Paris al final del otoño

Me entristezco, sueño y me estremezco

Me bamboleo, zozobro como una cantinela

Voy, vengo, vuelvo, giro y me arrastro

Tu imagen me sigue, te hablo bajito:

Tengo mal de amores,

Tengo mal de ti.

(Coro)

Aun te quiero, te sigo queriendo,

Sólo te quiero a ti, te quiero de verdad,

Pero si no entiendes que debes volver convertiré lo nuestro, en mi mejor recuerdo.

Volveré a los caminos, el mundo y sus maravillas,

Iré a calentarme bajo otro sol.

No soy el único que se muere de pena,

No tengo la virtud de las mujeres de marineros.

(Coro)

(Coro)