Restan algunas páginas… y que la escritura llegue por medio de la tristeza aunque sea a la “posibilidad” de ser literatura, en un esfuerzo hondo y doloroso es mi opción más lejana.
De continuar así, todo merecería una explicación más sensata, no acaba con la excusa de todos los días: “el dolor traspasa mis letras”. No, entiéndase, que este no es un ejercicio dialéctico; no hay el menor gusto por el malestar de estos días. Este dolor, me traspasa el cuerpo, me gasta el sueño y sin embargo, no hay letras que merezcan la pena.
El dolor me ha detenido en su peor momento, y las manos… quietas.

