miércoles, 13 de enero de 2010

Soy In-verso







Hoy amanezco en el lado grande de la vida, amanezco más vieja…aunque, eso de amanecer más vieja, es mentira. Nadie puede despertar y crecer tan de golpe, con dos o cinco vueltas en la cama. La vida, la vida siempre pide que la caminen, que la recorran, despacio, un poco menos-pero a prisa, entre grandes saltos o grandes y dolorosas caídas.

Inevitable entonces, que hoy, cuando sumo otro calendario no regrese desesperadamente a la memoria… no me choque con algún pasaje de mis años (menos afortunados). Pues sí, si algo tiene de bueno este ejercicio de memoria en este día, es que la buena fortuna no es una condicional para empezar a vivir. El pesimismo, el anarquismo, el desamor, son banderas que ondean en mi pecho, pero entre la brisa y si alguna que otra vez se agitan, es por la prisa de algunas injusticias (ajenas casi siempre). El dolor del lado de acá es menos, las ficciones cada día más débiles… el tiempo nos cambia. No hay eternidad entre aquellos que somos carne, hueso y sexo.

Hace 7años, iba temerosa del cambio, del tiempo, de la vida, de la gente y sus desventuras que siempre me rozaban… por entonces, sabía y no me negaba la posibilidad mediata de la transformación, pero trataba de no pensar en eso, proclamaba furia, empuñaba espadas; era toda mi fascinación por la literatura, que se alzaba con ficciones que casi siempre perdía por mi mala memoria, que casi siempre no servían (aunque al mundo, les dije que sí). Nada, ni nadie pudo deshacer mis hojas, ni el mundillo que me creé, ni la vida que soñé… o sea, hay cosas que el tiempo no es capaz de arrancarnos, sola y únicamente porque no queremos. Y esto, también lo sabía a los 16; por eso me dejé esta nota para que el cambio no me doliera o me doliera mucho menos para cuando los años sean más en mis manos:


“Trataré de ser sincera, de dibujarme tal como soy, como eres, como somos en este momento (18/04/2003) Quiero que te acuerdes bien de las cosas de las que hoy estoy segura:

No podemos olvidar, trabajamos duro en eso, pero escribir no nos lo permite. Por eso, encontrarás esto y recordarás todo este tiempo. No sé, si sea un buen momento para ti, pero ahora mismo las cosas no andan bien. La soledad absoluta no existe, Gabriela; por eso el amor duele.

No podemos ser libres, nadie puede. La única opción de ser libres en esta vida es creyendo que somos distintos en alma. Por eso, no podemos creer en las personas. Tampoco, podemos respondernos muchas cosas: ¿por qué a mi? por ejemplo, entonces lloramos, cuando nadie nos ve. A veces cuando lloro alcanzo a sentirme vacía, y eso es sano. A veces cuando lloro alcanzo a sentirme demasiado vacía y eso me preocupa.

Pero en el fondo, entendemos muchas cosas- casi nada, y aunque los otros lo nieguen, ellos saben menos.

No podemos decir la verdad de los otros en frente de ellos, por eso masticamos chicles de menta, pues así matamos la ansiedad. Tampoco podemos decir nuestra verdad, porque es peligroso (sobretodo doloroso).

Nos gusta coleccionar boletos de los colectivos, aunque últimamente camino mucho por falta de dinero.

Sigo creyendo que la muerte asusta menos que el tiempo; la muerte duele al final, el tiempo- duele casi siempre.

Quiero conocer todo, lo que sea, no importa

Tengo deseos de ser otra, pero no arrepentirme de ésta que soy ahora.

Quiero saber lo que es alcanzar una meta, si realmente es como tocar el cielo con las manos.
Quiero tener que morir de pie, como nos lo dijo el Ché.

Ya no creo en dios, pero cuando oigo hablar de él me estremezco, como si me amenazaran para volver a él.
Ah, eso de evitar a la gente, a veces ha sido una desventaja; sin embargo, es una buena técnica, ya que por lo menos me garantiza que nadie que se me acerque puede ser tan distinto a mí...al contrario

Me gusta mucho más el azul que el negro, y el gris antes que el rojo; me gusta caminar por la lluvia hasta que las zapatillas hagan ese ruidito al caminar llenas de agua adentro; me gusta reírme a carcajadas y hasta que me duela la panza (pero nadie lo sabe); me gusta el viento; me encanta cuando las dos, tú y yo, decimos la misma palabra o la misma frase al mismo tiempo y tú me miras extrañada como si no supieras que parecemos nacidas de lo mismo y que nuestras conciencias trabajan juntas, consultándose.

¿Nunca sentiste que todos somos más simples de lo que creemos? Y no nos vamos a terminar de descubrir nunca porque estamos hechos para cosas más complicadas.

Ahora mismo, tengo miedo de estar por morirme y que, en ese momento, en el que la vida entera pasa frente a tus ojos, no vaya a ver más que un par de imágenes tristes del pedacito, ese mínimo, de almas y de lugares que llegué a tocar y a pisar, que tenga que ver, sintiéndome lástima, nada más que el mundito que conocí, y que siempre fue el único para mí.
Creo que sí existe, claro que existe, el fin de toda fuerza humana, el último y final “me rindo”, el ineludible dejarse vencer y para siempre tirar todo, porque a esa altura nada lo vale. Y creo que la gente ha llegado a eso sin darse cuenta, muchas veces más de lo que se imagina.
¿Viste como las presencias de las personas están siempre en ciertos lugares, los que son de propios de ellos, sus lugares particulares, pero las ausencias, todas, cualquiera de ellas, te persiguen y están en todas partes?

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A los 23, no me queda, salvo, afirmar todo. Todo está intacto. Hoy sólo querría agregar algunas obviedades que entonces no aclaré (quizá porque a la adolescente que era le parecían evidentes).
Y entonces quiero decir que yo deseaba latir, aún a riesgo de un paro cardíaco. Mi pesimismo, pintaba y pinta, al revés… como muchas de mis banderas.

Me gustaba la idea de conocer gente, pero hubiera sido más fácil si siempre todos fuésemos niños, aunque eso sólo lo aplico a la niñez de mis años; de afecto compartido, limpias las manos y el impulso bruto (a veces muy cruel).

Hoy también, me da por llorar bajo la ducha, para que no lo sepa nadie. Hay que llorar cuando el cuerpo así lo pide. Llorar para hacerse fuertes contra el llanto, algo así como una vacuna contra la enfermedad.

Hoy, s
oy azul oscuro, casi, casi, negro y, de repente, vuelco al gris. Vivo buscando los otros colores y las luces. Vuelvo a creer que el amor es para todos, que se tropieza, que se demora y al final, más temprano que tarde, nos alcanza. Y mientras tanto, Silvio Rodríguez, a fin de cuentas, me da la razón: eso de lo eterno es un invento, o como dice él “La eternidad no es más que un truco para continuar”.

En fin:

Lo que hoy quiero es vivir a la altura de mis ojos, de mis manos y de las caprichosas exigencias de mi corazón, que me pide temblores y terremotos, y eso de nunca estarse quieta.


Hoy que 'amanezco más vieja', lo que quiero es vivir.


...


sábado, 9 de enero de 2010

Sigue siendo In-verso.

J.L.Aubert-dis quand reviendras-tu.


¿Cuántos días, cuantas noches, cuanto tiempo hace que te has ido?

Dijiste que este era el último viaje

El ultimo naufragio de nuestro desgarro

Dijiste que regresarías en primavera

Qué bonita es la primavera para hablar de amor

Juntos visitaremos los jardines en flor, pasearemos por las calles de París.

.

(Coro)

Pero, dime, ¿Cuándo volverás?

Dime, ¿lo sabes?

¿Sabes que el tiempo pasado no se recupera?

¿Qué el tiempo perdido no se encuentra?

.

.

Hace mucho que acabó la primavera.

Caen las hojas, se encienden las chimeneas.

Qué bonito está Paris al final del otoño

Me entristezco, sueño y me estremezco

Me bamboleo, zozobro como una cantinela

Voy, vengo, vuelvo, giro y me arrastro

Tu imagen me sigue, te hablo bajito:

Tengo mal de amores,

Tengo mal de ti.

(Coro)

Aun te quiero, te sigo queriendo,

Sólo te quiero a ti, te quiero de verdad,

Pero si no entiendes que debes volver convertiré lo nuestro, en mi mejor recuerdo.

Volveré a los caminos, el mundo y sus maravillas,

Iré a calentarme bajo otro sol.

No soy el único que se muere de pena,

No tengo la virtud de las mujeres de marineros.

(Coro)

(Coro)


jueves, 7 de enero de 2010

La noche en el In-verso


En este lado de la noche… la profundidad de la tristeza agrava mis ojeras. La mañana no me alcanza, la tarde ni roza mis dedos… No me alcanzas.

Si algo queda en mí, apenas:

“Tu recuerdo insano”.


Al fin... In-versos




Trato de darle sentido a esto:

“este instante que no me pertenece”


Hace unas horas, mi deseo. Y ahora, te acercas a mi y siento ese resquemor de los que conspiran contra el mundo, pero terminan siendo de él… si supieras que tus manos se han encargado de achicar el espacio y el tiempo entre mis manos. Pues, si tú tienes la culpa; yo tengo el arma. Nadie es tan inocente, ni tan culpable de mi –morir*-. Nadie tiene la vida comprada, nadie merece tanto. Ni tu mi morir, ni yo la vida.

Aun tan torpes para crear mentiras, que débiles para soportar la verdad… Si algo me enseñaron mis años de cristiana, es que es mejor “mentir bonito”. Pero tus engaños son horrendos, tan despreciables como mi inocencia. Engañas mirándote a los ojos. Engañas limpiándote las manos, antes de saber qué era verdad.




* Morir: verbo relativo a la muerte, pero que resiste en vida…vida real.

domingo, 3 de enero de 2010

Ir al In-verso



Si la llegada de dios (hijo) fue un poco más que efimeridad, la llegada de la primera década del siglo por pasar; no hizo más que confinarnos en el más insulso de los desamparos. Existir al borde de las promesas, entre las buenas intenciones y los profundos deseos. Entre las luces de colores y la torpe alegría de los que esperan y esperarán en los siguientes años.

Por mi parte, los brujos me han dicho lo mismo… la buena fortuna, la esperanza en lo bueno siempre están echadas en las cartas. Pero creer en las argucias de las estrellas o desesperarme por las cosas que quedan entre ellas; no es más que una reacción temperada ante la vida misma. ¡Ay! Si pudiera recuperar todas mis ficciones… seguramente estas cosas no serían más que un desliz vivencial –real- propio de las contrariedades sociales, propias de un contrato. Seguramente pasaría mis horas de insomnio construyendo argumentos con los que defenderme, con los que propiciar una minoría selecta… pero, la realidad consume y no me desespera.

La vida de este lado de la mañana me repite que hay fines y comienzos, que hay pasos y saltos al mañana (y obviamente al ayer) pero que todo deja huella… que no hay razones para temer, pues, cabe la minima (pero, existente) posibilidad de poder regresar. Regresar, cuando todo haya logrado comprensión. Cuando las raíces se hayan vislumbrado, a pesar del alboroto en las superficies.

En fin.

Se abre un nuevo año, y al contrario de los otros: no ahondaré en el dolor, ni en el pesimismo, ni en las remembranzas de las malas glorias. Sólo queda, vivir.