Yo me devengo, y en eso que llamas tacto, todo se precipita y me abre. Me parte y me asciende. Me enciende, justo cuando entra y sale. Primero me fragmentas, me partes… ya luego, todo se cierra. Y me devengo como un río. Yo río y ríes entre mis yugos, sujetándote ante mis movimientos exagerados.Entre segundo y segundo, tu sigues entrando. La fuerza y el riesgo, de surcarme como un camino incierto.
Te quedas a mitad del cuerpo, veo todo, vibrando. Las yemas y las manos adictas a mis adentros. Tan desprotegidas, tan inocentes, tan niñas. Aunque después de esto, ya no volverás, ya no, creyendo que vas a sufrir.
Cedes y pienso en la suavidad, en las grietas, en los resquicios de locura, en la prudencia. Cedes, y a mi me gustaría que jamás dejes de cavar afluencias.
