lunes, 13 de abril de 2009

La noche en el In-verso

Duerme que ahora yo pienso en sexo. Duerme que no te culpo, contigo despierto, mis ganas han estado en otro lado y ya es mucho el tiempo. Estás cansado y yo lo comprendo, estas ganas mías de otra cosa, de lo lejano. Estas ganas de jugar al juego entre dudas, al jugo de lo mortal del tiempo.

He estado tan lejos en los últimos días. Opuesta a los caminos-(tu deseo y ahora el mío, ardiendo entre mis piernas y un poco más allá, que no salta a la vista tuya ni mía, como lo es en ti).

Estoy en carrera, trashumante. Estoy interminable en mis pasos; pero terminando de copiar mi deseo último, de este día 13, del mes cuarto, del año menos amargo para la etapa de amoríos con el amor mismo.
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No quiero volver la mirada hacia tu cuerpo, porqué soy capaz de arrancarte las ropas, pero jamás los sueños. Solo añado a mi deseo, que tu sueño dibuje mi piel en tu noche y que me hagas volver a la mañana, como primer deseo. Solo espero que a la mañana, me apartes de la pesadilla que es: desconocernos los cuerpos.

Donde camino

Y llego a la filosofía, y encuentro el camino, el bastón y guía.

Me voy dando cuenta de que el mundo es una especie de respondedor, que el mundo está hablando todo el tiempo, como una especie de gran libro.

El mundo susurra, cuchichea. Y pensar, no es otra cosa que prestar oído a ese murmullo y no disfrazarlo, sino transformarlo en discurso articulado. He allí, la responsabilidad filosófica, he allí el porqué la decisión de jugar todas las fichas a este único número.